Por primera vez pensé en casarme. Sabía que indudablemente había todavía tachas en ella que no habían salido a la superficie.
El comienzo de una relación siempre era lo más fácil. Después era cuando comenzaba el desenmascaramiento, que ya no para nunca.
El comienzo de una relación siempre era lo más fácil. Después era cuando comenzaba el desenmascaramiento, que ya no para nunca.
Era igual, seguí pensando en el matrimonio. Pensé en un hogar, un perro y un gato, la compra en el supermercado. Estaba perdiendo los cojones. Y no importaba.
